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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 948

El bautizo de la pequeña reunió a ambos hombres.

Pero era evidente que Edgar estaba en guardia contra Ireneo.

Mantuvo a Luciana pegada a su lado, sin dejar que se apartara de su vista ni un segundo.

Todos sabían a quién estaba vigilando.

Hacía tiempo que se rumoreaba que Luciana e Ireneo podrían estar a punto de formalizar su relación.

Ahora, sin embargo, parecía que más que una boda, lo que se avecinaba era una tragedia si no se controlaban.

—Pobre Luciana, me da una lástima —dijo Vanesa, aferrada al brazo de Joaquín, mientras miraba a su prima con una compasión infinita.

—¿Por qué no vas a rescatarla?

—¿Estás loco? —Vanesa lo miró, atónita—. ¿Crees que podría? Su papá me mandaría de una patada al otro lado del Atlántico.

Joaquín no dijo nada.

—Oye, ¿qué crees que hizo el señor Urbina para que su propio padre lo vigile así? —continuó Vanesa.

—Ser un mujeriego que no quiere compromisos es, en resumen, acostarse con alguien sin querer asumir responsabilidades. Y una persona así no inspira confianza. ¿Qué padre en su sano juicio le entregaría a su hija a alguien así?

—¿Y si el señor Urbina ya cambió?

—Hay una diferencia entre cambiar por obligación y por voluntad propia —replicó Joaquín—. Además, un leopardo no puede cambiar sus manchas.

«¡Qué complicado es todo esto!», pensó Vanesa.

Ahora mismo, para el señor Urbina, querer asumir responsabilidades era un error, y no quererlas también. El padre de Luciana lo tenía tan vigilado que no le daba ni la más mínima oportunidad de redimirse.

—Aunque… —Joaquín hizo una pausa para crear suspenso—, no todo está perdido.

—¿Estás imitando a mi tío o qué? —Vanesa lo fulminó con la mirada.

—El próximo viernes es la Cumbre Empresarial Solsepia. Quería ver si el señor Barrales podría conseguirme una invitación.

La Cumbre Empresarial Solsepia era un evento anual organizado por el gobierno. Aunque llevaba el nombre de Solsepia, solo asistían los empresarios más importantes del país, con empresas de no menos de diez mil empleados.

Siendo un evento de tan alto nivel, y bajo la dirección del gobierno, la distribución de invitaciones era extremadamente estricta.

En años anteriores, aunque Rubén estaba en el extranjero, la invitación le llegaba automáticamente. Pero este año era diferente; por un lado, Rubén estaba en Solsepia, y por otro, su enemistad con Edgar era un factor importante.

—Las invitaciones se envían directamente a los directivos de cada empresa. Si no la ha recibido, señor Urbina, ¿por qué no le pregunta al señor Tamez?

Con esa frase, Edgar le cerró la puerta en las narices.

¿Para qué quería una invitación? Otros años le daba igual asistir o no, e incluso había enviado a su vicepresidente en su lugar. Como si le importara tanto ir. ¿A qué venía tanto teatro? ¿Acaso eran grandes amigos? ¿No se daba cuenta de que no lo soportaba?

Edgar no tenía ganas de seguir hablando con él. Miró a Luciana, y ella, entendiendo la indirecta, se escondió detrás de él como un polluelo, marcando distancia con Ireneo.

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