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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 913

«Pues sí», pensó Beatriz.

Rubén, siempre atento a su expresión, notó que Beatriz había bajado la mirada, perdida en sus pensamientos. Después de meditarlo un momento, le dijo con tono serio:

—De todas formas, no es bueno que Luciana e Ireneo sigan así de distanciados. Hay que encontrar una manera de que hagan las paces.

—¿Y cómo se supone que lo hagamos?

—¿Por qué no le preguntas a Luciana qué opina? —sugirió el señor Tamez con delicadeza.

En este asunto, si Luciana sentía el más mínimo interés por Ireneo, el problema con Edgar sería fácil de resolver.

El verdadero temor era que a Luciana ya no le importara y que, para colmo, Edgar despreciara a Ireneo.

Si todo era producto de su propia necedad, entonces el asunto...

Probablemente estaba destinado al fracaso.

Y si fracasaba, e Ireneo, con el corazón roto, mandaba todo al diablo y se largaba de vacaciones, ¿qué sería de él?

Cuanto más pensaba Rubén en ello, más se agobiaba.

Le diera las vueltas que le diera, al final era él quien cargaría con las consecuencias.

Él se había convertido en la principal víctima.

—¿Qué va a opinar Luciana? O siguen siendo amigos con derechos o terminan. No se van a casar, ¿o sí?

—¿Y por qué no?

—¡Porque Ireneo no cree en el matrimonio!

—Pero, y si... —insistió el señor Tamez—. Solo digo, ¿y si Ireneo ya cambió de opinión?

Beatriz sintió que la conversación no tenía ni pies ni cabeza.

—¿Cambiar de opinión sobre qué?

—¡Le rompería las...!

Se calló de golpe.

Beatriz lo miraba fijamente desde el otro lado de la mesa, con una expresión que lo decía todo.

—Dilo. ¿Por qué no terminas la frase?

Rubén soltó un suspiro profundo y se sostuvo la cabeza con una mano, como si le doliera.

Al ver cómo defendía a Ireneo, Beatriz se encendió aún más.

—Sé perfectamente lo que estás pensando. Ireneo es muy competente, tu mano derecha. La mayor parte de la empresa ha estado a su cargo estos años y te preocupa que este lío lo afecte a él y, por lo tanto, te afecte a ti y a la compañía.

—Pero nada de eso es excusa para menospreciar a Luciana.

—Si él no puede encargarse de la empresa, lo haces tú. Y si tú no puedes, contratas a un director profesional. Si te preocupa no poder cuidarnos bien cuando nazca el bebé, pues contratas a más enfermeras. Si el problema recae en mí, a lo mucho serán unos meses sin la atención total de mi esposo. Pero si recae en Luciana, si elige mal a su pareja, es algo que la afectará toda la vida.

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