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Ayer me despreciaste por coja, hoy me deseas por reina romance Capítulo 910

Cuando la ambulancia llevó a Ireneo al hospital, estaba cubierto de sangre.

Los médicos de la sala de urgencias entraban y salían, atendiendo sus heridas. Al desabrocharle la camisa, descubrieron múltiples marcas de patadas y un cuerpo lleno de moretones.

El médico que lo atendía se quedó boquiabierto. Últimamente, la noticia de un joven millonario de Solsepia que había maltratado a una mujer se había vuelto viral en internet, y la escena era inquietantemente similar.

Una joven enfermera, al ver el estado de Ireneo y recordar a la víctima de aquel caso, le susurró al médico jefe:

—Doctor, ¿deberíamos llamar a la policía?

El jefe la fulminó con la mirada.

—Recibimos la orden de estar preparados antes de que llegara. ¿Crees que es una persona común y corriente? Deja de meterte en lo que no te importa.

La enfermera se quedó perpleja, y antes de que pudiera reaccionar, la jefa de enfermeras se la llevó de allí.

***

Ese día había sido un torbellino de emociones.

Rubén llegó corriendo a la puerta de la habitación del hospital, donde encontró a Alberto hablando por teléfono. Al verlo, Alberto colgó rápidamente y se acercó.

—Señor Tamez, el señor Urbina…

—¿Cuál es su estado?

—El médico dice que…

Rubén lo interrumpió con un gesto y fue directo al grano:

—¿Quedó lisiado?

Alberto se quedó helado un instante.

—No.

—¿Ya terminaste de mirar?

Rubén desvió la vista hacia él y suspiró con una mezcla de frustración y decepción.

—Te llevaron el boleto de avión hasta la puerta y no te fuiste. Si hubieras huido, te habrías ahorrado todo esto. Ni siquiera tenías que salir del país o del estado, ¡con que te fueras de la ciudad bastaba!

—Si huía, ¿no estaría confirmando que me acosté con Luciana y no quise hacerme responsable?

—¡Pues hazte responsable, entonces!

—¿Y quién dijo que no quiero hacerme responsable? —replicó Ireneo.

Rubén se quedó desconcertado por un momento. Siempre había sido un experto en leer a las personas, y conocía a Ireneo desde hacía años. Ireneo no era un canalla, ni de lejos. Si había llegado a este punto con Luciana, era por orgullo o porque todavía no había aclarado sus sentimientos.

—Entiendo. Quieres hacerte responsable, pero tu orgullo no te lo permite. ¿Qué esperas? ¿Que Luciana te ruegue que te hagas cargo? ¿O que se casen por un embarazo para que parezca que no te casas por voluntad propia, sino por obligación? ¿Para dar la impresión de que te viste forzado y así salvar tu reputación?

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