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Amor que Fue romance Capítulo 195

El privado del club era un lugar de sombras y susurros. Las luces, tenues y estratégicas, apenas iluminaban el ambiente mientras el jazz suave se colaba entre las conversaciones y el humo.

Isaac estaba recostado en el sofá, con una postura despreocupada pero alerta. Sostenía una delgada y fina cigarro, cuya brasa encendida titilaba con cada bocanada, destacando en la penumbra de aquel rincón reservado.

Frente a él, el vaso de whisky ya mostraba signos de abandono: los cubos de hielo casi se habían disuelto por completo.

Felipe giró el vaso entre sus dedos, observando cómo el licor giraba.

—Oye, ¿qué te pasa últimamente? —Felipe lo miró con una ceja alzada—. El tal Carvallo no deja de rondar a Selena, ¿y tú tan tranquilo? ¿Ahora sí te vas a dejar ganar?

Isaac inhaló el cigarro y soltó el humo con parsimonia, como si las palabras de su amigo fueran solo ruido de fondo.

—No sirve de nada solo arreglar la superficie —replicó, voz baja y firme—. Hay que ir al fondo del problema.

Se encogió de hombros, tono irónico.

—Los terceros andan por todos lados. Pero lo que de verdad importa es la actitud de Selena.

Le dio un golpecito al cigarro, dejando caer la ceniza en el cenicero.

—Y ese tal Carvallo tampoco se va a ir sin que le pase la factura.

Felipe escuchó en silencio, reprimiendo una sonrisa. ¿Y tú qué eres entonces, el oficial? Vaya hipocresía.

Antes de que pudiera decir algo más, la puerta del privado se abrió de golpe. Una figura vestida de negro, con sombrero y lentes oscuros, entró con paso decidido.

Felipe achinó los ojos y, al reconocerla, soltó una carcajada.

—Tía, ¿qué onda con ese look de agente secreto? Te ves lista para una película de espías.

La recién llegada se quitó los lentes. Era Lisa, la tía de Isaac, elegante y segura, una mujer que sabía cómo llamar la atención incluso en la sombra de los años.

Lisa fulminó a Felipe con la mirada.

—¿Tía? ¿Ya me quieres ver vieja o qué? Aprende a hablar, chamaco.

Felipe levantó las manos en señal de paz, bromeando:

—Tía de Isaac, tía mía también, así de simple.

Lisa rodó los ojos y lo ignoró. Dirigió la mirada a Isaac y fue al grano.

—Mañana me regreso a Estados Unidos. Así que dime, ¿para cuándo recuperas a mi sobrina política? No me vayas a dejar esperando.

Isaac levantó la vista, enfrentando la mirada directa de su tía, siempre impetuosa.

—Ya falta poco.

Lisa no se conformó con esa evasiva. Se sentó frente a él, cruzó las piernas y llenó el espacio con su energía.

—¿Y qué significa “ya falta poco”? ¿Antes de que me suba al avión o después? Dame algo de certeza, mínimo.

—¿O es que ni tú te tienes confianza?

Isaac no respondió enseguida. El cigarro tembló entre sus dedos, la ceniza cayó en silencio. El ambiente se tensó, y Felipe intervino para suavizar las cosas:

Felipe asintió de inmediato, casi temblando de lo rápido que movió la cabeza.

—¡Descuide, tía! Aquí lo tengo bien vigilado.

Isaac se levantó para acompañarla hasta la puerta.

...

A pesar de todo, Lisa no logró pasar desapercibida.

Aunque iba envuelta en sombrero, lentes y hasta mascarilla, los paparazzis hicieron lo suyo. Las fotos, borrosas y desde ángulos imposibles, se volvieron virales, sobre todo porque al lado de Lisa estaba Isaac.

Ese mismo día, las redes y todos los portales de espectáculos se llenaron de titulares:

[¡Bomba! El presidente Méndez y Lisa vistos juntos en un club de lujo durante la noche]

En la foto, Lisa parecía una sombra envuelta en tela, girando la cabeza para decirle algo al hombre junto a ella.

Isaac, por su parte, apenas inclinaba el rostro, pero la escena sugería una complicidad inesperada.

...

Selena tenía el celular en la mano cuando vio la noticia. Sus dedos se congelaron en la pantalla.

Sintió una punzada en el pecho, como si hubiera tragado algo podrido, algo que le revolvía el estómago y le quitaba el aire.

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