Sobre el escritorio grande de madera de mezquite, se apilaban varios montones de documentos que Selena debía revisar.
Afuera, el cielo comenzaba a teñirse de azul profundo, y en la habitación solo brillaba una lámpara de escritorio con luz cálida y amarilla.
Selena acababa de dejar la pluma, masajeando sus sienes que sentía a punto de estallar, cuando alguien tocó la puerta.
—Adelante.
Camila entró sosteniendo una tazuela de sopa, que colocó con cuidado en la esquina del escritorio.
—Te he visto muy cansada estos días. La cocina acaba de preparar una sopa especial, te la traje para que te repongas un poco.
No se marchó de inmediato, sino que, con aire casual, echó un vistazo a la oficina. Su voz sonó algo nostálgica:
—Tu madre era igual. Cuando se metía en el trabajo, perdía la noción del tiempo. Ahora que tú tomaste las riendas de la familia Díaz, la responsabilidad no es poca.
Selena tomó la cuchara, pero no probó la sopa. En vez de eso, observó a Camila, notando que no parecía tener prisa por irse.
—¿Señora, quería platicar conmigo de algo?
La sonrisa de Camila no se borró. Se sentó con tranquilidad en la silla de al lado y acomodó su falda con elegancia.
—Nada grave...
—Solo... es sobre tu matrimonio.
La mano de Selena se detuvo a mitad de camino, aferrando la cuchara.
—¿Matrimonio?
—Así es —Camila asintió—. Tu madre, en vida, ya había arreglado un compromiso para el heredero de la familia Díaz. La otra parte es la familia Carvallo.
La familia Carvallo también era conocida en Río Verde, con una reputación tan sólida como la de los Díaz. Entre ambos clanes había lazos de negocios y una amistad de generaciones.
Los Carvallo se dedicaban sobre todo a los bienes raíces y las inversiones en el extranjero. Su fortuna era imponente, y aunque su estilo era más discreto que el de los nuevos ricos, todo el mundo sabía que tenían poder de sobra.
Viendo que Selena no respondía, Camila añadió:
—Sobre todo el nieto mayor, Samuel Carvallo. Desde niño lo formaron para ser el sucesor. Es capaz y tiene carácter. Tu madre... siempre estuvo satisfecha con él.
—Ahora eres la heredera de la familia Díaz. Este compromiso, lo arregló tu abuela pensando en el futuro de la familia.
Selena se recargó en el respaldo de la silla.
Fijó la mirada en Camila:
—Señorita Monroy, ya tenemos los resultados de la prueba de ADN.
Selena extendió la mano y le recibió el sobre.
No pudo aguantar la impaciencia. Rompió el sello y sacó las hojas.
Sus ojos recorrieron los términos técnicos y los datos, hasta que se detuvieron en la sección final.
[...De acuerdo con el análisis comparativo de secuencias de ADN, se confirma la existencia de relación madre-hija entre la señora Camila y Montserrat...]
[...Se confirma la existencia de relación sanguínea entre la señorita Selena y la señora Camila...]
El resultado era claro y directo.
Camila, en efecto, era hija biológica de la abuela.
Y entre Selena y Camila, sí existía lazo de sangre.
Los dedos de Selena se apretaron en torno al informe, arrugando un poco el borde del papel.
Este resultado, en vez de despejar las dudas dentro de ella, solo volvía todo aún más confuso.

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