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Al Mal Esposo, Darle Prisa romance Capítulo 790

—Vámonos —dijo Irene al recobrar el sentido, se agachó para entrar al carro y cerró la puerta tras de sí.

A través de la película negra en las ventanas del carro, su silueta apenas era visible. Romeo observaba cómo el carro se alejaba antes de girarse y regresar al suyo para marcharse.

Este viaje no tenía sentido, pero quería ir y, al final, se sentía bien por haberlo hecho.

Dentro del carro, Daniel echaba un vistazo a Irene de vez en cuando.

—¿Él quiere volver contigo? —preguntó.

—Sí —respondió Irene, mirando las luces de neón de la ciudad a través de la ventana, asintiendo ligeramente.

—¿Te vas a dejar convencer? —insistió Daniel, echando una mirada a los pequeños pasteles que ella llevaba en su regazo—. Parece que ha cambiado.

—Las personas cambian —reflexionó Irene—. No solo él ha cambiado, yo también.

En el pasado, con una simple sonrisa de Romeo, ella podía ser feliz todo el día. Pero ahora, aunque él le ofrecía cosas de buena gana, no le traían la misma alegría.

Había una inquietud en su corazón, un peso que sentía como una carga, una prueba. Y si no pasaba esa prueba y se dejaba convencer, sentía que su vida entera se arruinaría.

Daniel no comprendía del todo el significado de sus palabras, pero la conversación le hizo recordar algo.

—Mamá me ha estado contactando estos días —dijo—. Dice que necesita hacerse un chequeo. Le dije que papá la llevara, pero me dijo que no tenía dinero. Ya ves cómo es, antes decía que nunca perdonaría a papá, y ahora es su fiel seguidora. Quiere cien mil pesos para el chequeo. No hace falta decir que ese dinero no lo quiere para ella...

—Ira tras el dinero como si estuviera obsesionado —dijo Irene, su voz volviéndose más fría.

Daniel captó el tono de su hermana.

—¿También te ha pedido dinero a ti?

Irene lo miró.

—Le ha pedido dinero a la familia Aranda.

¿Por qué pedirle dinero a la familia Aranda? Daniel lo entendió en un instante y su expresión se oscureció.

—¡La familia Aranda no le dio nada, verdad!

Para él, cien mil pesos no eran un problema.

Irene no sabía qué más decir.

—¿Y si vuelven a pedirte?

—Le pediré a mamá que firme un documento —dijo Daniel con firmeza—. Ella prometió que no pediría más dinero después de esto.

—Ese documento no tiene validez legal —Irene no sabía cómo disuadirlo.

Si lo presionaba demasiado, parecería insensible. Pero si no decía lo suficiente, no lograría convencer a Daniel.

Daniel, como Yolanda, era blando de corazón. Ella también lo era.

Ninguno de los dos había aprendido la más mínima pizca de egoísmo de César.

—Entonces no les daré nada —afirmó Daniel con repentina determinación—. No voy a dejar que me controlen como a mamá. Hermana, tú tampoco vas a volver con Romeo, ¿verdad?

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