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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 549

Al final, tuvo que pedirle un aventón a un colega del área administrativa cuyo trayecto coincidía un poco con el suyo para poder llegar a casa.

Desde su divorcio con Enzo, había dejado de manejar. Los autos estaban a nombre de él, y cuando abandonó aquella casa, dejó las llaves atrás.

Como vivía sola y no tenía grandes exigencias de movilidad, y el instituto le proporcionaba transporte para viajes de trabajo, nunca sintió la urgencia de comprar un vehículo.

Pero ahora, la situación había cambiado. Necesitaba un auto propio, no solo para sus trayectos diarios, sino para facilitar las rutinas de Zulema al llevar y traer a Pipa.

Decidió que ese mismo fin de semana iría a ver algunas agencias de autos.

Apenas abrió la puerta de su casa, una figurita pequeña salió disparada como un cohete y se lanzó directo a sus brazos.

En ese instante, todo el agotamiento del día se desvaneció.

Con una sonrisa inmensa, Gabriela levantó a Pipa y le dio un beso sonoro en la mejilla.

—¡Pipa! ¿Viniste a recibir a mamá?

Ser recibida con tanto amor por alguien que era sangre de su sangre se sentía como un abrazo en el alma.

Las mejillitas de Pipa se tiñeron de rosa, sintiéndose un poco tímida ante la muestra de afecto.

Zulema se acercó con una sonrisa cálida, ofreciéndole las pantuflas a Gabriela.

—Pipa, córrele, enséñale a tu mamá —animó la señora.

Gabriela, mientras se cambiaba el calzado, miró a la niña con curiosidad.

—¿Qué me vas a enseñar, mi amor?

Bajo la atenta y cariñosa mirada de ambas mujeres, la pequeña abrió lentamente su manita. En el centro de su palma descansaba una brillante estrellita dorada.

—¿Una estrellita? —preguntó Gabriela, pensando que era alguna manualidad de la escuela.

—¡Sí! Pipa se portó de maravilla hoy. En la clase de deportes, ganó el primer lugar en la carrera, así que la maestra la premió con esa estrellita —explicó Zulema, con los ojos brillando de puro orgullo.

Parecía que la niña acababa de ganar un Premio Nobel en lugar de un reconocimiento escolar.

—¡¿De verdad?! —exclamó Gabriela con una expresión maravillosamente exagerada, llenando de besos la carita de la niña—. ¡Mi Pipa es una campeona! ¡Es tu primer día de clases y ya ganaste un premio! ¡Qué orgullo!

En realidad, a Gabriela no le sorprendía tanto que Pipa hubiera ganado una carrera.

Capítulo 549 1

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