Rocco respiraba con fuerza, su pecho y hombros subían y bajaban en medio de una agitación frenética.
Si se observaba con cuidado, se notaba que sus brazos y manos temblaban.
—Gabriela... tú... de verdad eres increíble... —La voz del hombre salía entrecortada, obligándolo a jadear después de cada par de palabras.
Acostada en el suelo, Gabriela lo miró desde abajo; en ese momento, Rocco parecía un gigante protector.
Era la primera vez que lo veía tan alterado, al punto de no poder articular una frase completa.
Al ver la ropa destrozada de Gabriela esparcida por la tierra y su delicada piel expuesta bajo el cuello, la mirada de Rocco se oscureció de inmediato.
Sin dudarlo, se agachó, se quitó su propia camiseta y levantó a Gabriela. Ignorando cualquier protesta, le colocó la enorme prenda sobre lo que quedaba de su blusa.
Justo entonces, Damián y dos guardaespaldas aparecieron corriendo. Uno de los hombres de seguridad llevaba a Mila en brazos.
Al ver que Zacarías, tras la paliza, lograba ponerse de pie tambaleándose, uno de los guardaespaldas dio un paso al frente para intervenir.
Damián, con reflejos rápidos, lo sujetó del brazo.
—¿Acaso quieres robar cámara? —le susurró.
El guardaespaldas lo miró confundido. ¿No era su trabajo proteger al jefe y a la señorita Aranda?
Damián rodó los ojos, exasperado.
—¡Quédate quieto!
Tras darle su camiseta a Gabriela, Rocco se quedó vistiendo solo una camiseta sin mangas que usaba debajo.
Sus grandes manos sujetaron firmemente los brazos de Gabriela, mientras sus ojos la examinaban de pies a cabeza con desesperación.
—¿Estás herida? ¡Dime que no estás herida! —preguntó, con un tono urgente y la respiración aún agitada.
Gabriela negó con la cabeza.
—No... no estoy...
Pero su voz ronca y lastimada la delató al instante.
La mirada de Rocco se clavó en su cuello.
Sobre la piel suave se veía claramente una marca de estrangulamiento y las marcas de unos dedos.
Era evidente que alguien había intentado asfixiarla repetidas veces.
El rostro del hombre adoptó una expresión aterradora. Tiró de Gabriela hacia él y volvió a revisarla meticulosamente.
Mientras tanto, Zacarías había sufrido un daño interno severo por la patada de Rocco. Sentía que sus órganos se habían retorcido.


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