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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 455

Era cierto, una cirugía de tiroides no te mataba.

Pero el amor que sentía por Enzo Jara comenzó a morir lentamente a partir de ese día...

Sin embargo, aunque se había equivocado al enamorarse y, por azares del destino, se había casado con él, eso era asunto suyo. Al final, ella misma había pagado el precio de sus malas decisiones.

¿Por qué Rocco se enojaba tanto por eso?

¿Con qué derecho le reclamaba?

Desde el asiento de atrás, notando la tensión en el ambiente, Damián tocó ligeramente el brazo de Rocco.

Bajó la voz, con tono conciliador:

—Jefe, lo del matrimonio de la Señorita Aranda pasó hace siete años. Era muy joven en ese entonces, y además... —Damián dejó la frase en el aire, sin atreverse a decir más, antes de dirigirse a Gabriela con voz un poco más alta—. Señorita Aranda, no le haga caso, el jefe solo se preocupa por usted.

Esa sutil advertencia hizo que la espalda de Rocco se tensara por un instante.

De pronto recordó que Gabriela se había casado con Enzo hace siete años.

En ese momento, apenas había dejado de ser Gabriela Salinas para convertirse en Gabriela Aranda...

Había perdido su estatus, a sus padres y a todos sus familiares y amigos de golpe.

Fue rechazada y expulsada por todos...

E incluso humillada por él, a quien consideraba su confidente y protector...

En aquel entonces, era solo una jovencita de poco más de veinte años.

Había crecido bajo la estricta vigilancia de Don Armando Salinas. Entre ellos no existía un lazo de abuelo a nieta; ella era más bien uno de los proyectos del anciano.

Si lo hacía bien, era una obra maestra. Podía ser exhibida en sociedad, recibía elogios y se le permitía vivir con algo de dignidad.

Si fracasaba, era una decepción. Y lo único que le esperaba eran castigos severos y carentes de todo afecto.

Más tarde, el anciano falleció y ella regresó al lado de sus padres.

Pero tras tantos años de separación, no había ningún cariño real entre ellos. Incluso, su propia madre la humillaba a menudo con palabras crueles.

Desde niña había luchado por ganarse la aprobación de los demás, porque solo así evitaba los maltratos y desprecios.

Hasta que, eventualmente, la verdadera hija legítima, Sara Salinas, regresó a la familia.

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