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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 411

El hombre ya estaba paralizado por el terror. Aparte de llorar y suplicar piedad, no lograba articular palabra: —Lo siento... lo siento... de verdad no me acuerdo... No tenía otra opción... Si no pagaba, los cobradores me iban a matar a golpes... No me quedó de otra...

Después de una jornada laboral agotadora, un viaje nocturno lleno de angustia, sin haber probado un bocado de comida y tras haber donado tanta sangre, el cuerpo de Gabriela estaba al límite. Se mantenía en pie a pura fuerza de voluntad.

Los sucesivos golpes emocionales no hicieron más que añadir un peso insoportable a su ya frágil estado.

En ese instante, su cuerpo y su mente alcanzaron el punto máximo de colapso.

—Dime... habla... te lo ruego... dime dónde está mi hija... por favor... —sollozó Gabriela, con la voz ahogada por el llanto. Su cuerpo se tambaleó y, finalmente, se desplomó pesadamente contra el suelo.

—¡Gabriela! —Enzo Jara se abalanzó sobre ella en un abrir y cerrar de ojos, atrapándola entre sus brazos antes de que cayera por completo.

Las lágrimas en el rostro de la mujer, su cuerpo tembloroso y la profunda agonía en sus ojos fueron como puñales clavándose sin piedad en el corazón de él.

—¿La señorita Aranda está bien? —se acercó el oficial Cortés, mirándola con evidente compasión.

Era tan joven, y desde que llegó al hospital y se enteró del intercambio de los bebés, no había tenido respiro. Tantos golpes consecutivos eran insoportables incluso para él, un mero espectador. ¡Cuánto más para la propia madre!

Enzo miró a Gabriela e intentó cargarla.

—Te llevaré al hospital.

Apenas pronunció esas palabras, una sombra imponente se acercó rápidamente.

—No se moleste, señor Jara —resonó la voz gélida de Rocco Salinas, alzándose sobre Enzo.

La puerta del patio de la casa de Doña Gloria Cano estaba abierta. En el momento en que Rocco y sus hombres entraron, escuchó los gritos desgarradores de Gabriela.

En ese instante, sintió como si una mano invisible le estrujara el corazón con violencia.

Ahora, al verla en los brazos de Enzo, con el rostro pálido y el alma completamente destrozada, su mirada se oscureció. Una peligrosa sed de sangre cruzó por su mente.

—¿Señor Salinas? —Enzo lo miró perplejo, sin esperar encontrarse a Rocco en ese lugar.

Rocco se acercó con paso decidido, ignorando la conmoción en los ojos de Enzo, y se inclinó para arrebatarle a Gabriela y cargarla él mismo.

—¡Rocco! —exclamó Enzo. La mujer que hace un segundo estaba en sus brazos le había sido arrebatada en un parpadeo.

Enzo se puso de pie, clavando una mirada fulminante en Rocco. Los dos hombres se enfrentaron, chispas saltando en el aire.

Sin embargo, Rocco se limitó a lanzarle una mirada de desdén a Enzo antes de bajar la vista hacia Gabriela. Era tan ligera...

Capítulo 411 1

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