Si tan solo no hubiera tomado de más aquella noche fatídica, si no hubiera cometido esa locura con Jimena Sosa, qué diferente sería todo...
Si eso no hubiera pasado, no habría tenido que asumir ninguna responsabilidad ni verse obligado a casarse con ella.
Si no se hubiera vuelto a casar, al menos conservaría el derecho de estar al lado de Gabriela Aranda.
Parecía que todo había empezado a desmoronarse justo después de casarse con Jimena...
No... no era eso...
Si no se hubiera dejado llevar por la ceguera y no hubiera aceptado la absurda propuesta de Jimena de organizar aquella boda falsa, nada de esto habría ocurrido.
Fue a partir de ese simulacro de matrimonio que su vida comenzó a convertirse en un infierno.
¡Ahora se daba cuenta de que estuvo equivocado desde el principio! ¡Totalmente equivocado!
Tenía que admitirlo: estaba profundamente arrepentido.
O, mejor dicho, llevaba muchísimo tiempo arrepentido...
El cuerpo de Jimena no dejaba de temblar; ni siquiera ella sabía si era por el dolor lacerante o por el pánico absoluto.
Levantó la vista hacia Enzo Jara y lo vio claramente. Pudo ver el arrepentimiento reflejado en sus ojos.
¡Enzo se estaba arrepintiendo!
¡La estaba mirando y se estaba arrepintiendo!
No era la primera vez que Enzo mostraba señales de duda, pero antes siempre había logrado ocultarlas, controlándose. Al menos en público, nunca había dejado que se notara.
Pero ahora, en este preciso momento, lo mostraba abiertamente, sin ningún tipo de filtro.
¡Estaba arrepentido!
¡Se arrepentía de haberse divorciado de Gabriela y de haberse casado con ella!

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