¿De qué fotos hablas? —preguntó Enzo, girándose lentamente para clavar su mirada en Jimena.
Jimena sintió que se le helaba la sangre. Había usado esa foto a escondidas para desviar el odio de Valentina hacia Gabriela, buscando salvarse a sí misma.
Jamás fue su intención armar un escándalo público con eso, al menos no en ese momento.
Sabía perfectamente que tomar esa foto había sido un acto malintencionado y, para ser justos, la imagen no mostraba nada comprometedor.
No se esperaba que esa idiota de Valentina soltara la bomba frente a todos, arrastrándola a ella al barro.
¡Eso equivalía a admitir delante de su esposo que espiaba a la gente por la espalda!
Con el rostro pálido como la cera, Jimena intentó balbucear una excusa.
—Yo... fue una casualidad. Estaba en el bar del Hotel Mirador y vi a Daniel y a Gabriela. Me pareció curioso y les tomé una foto, pero era una foto normal. No estaban haciendo nada raro. Se lo mencioné a Valentina y supongo que ella se armó toda una novela en la cabeza...
—¡Jimena Sosa! ¡Eso no fue lo que me dijiste! —gritó Valentina con los ojos desorbitados, lista para saltarle a la yugular.
Si Jimena no le hubiera mostrado la foto insinuando descaradamente que esos dos eran amantes, ella no habría perdido la cabeza al ver a Gabriela y soltado toda la sopa.
—Yo... —Jimena de inmediato puso cara de víctima a punto de llorar—. ¡Yo no te dije nada de eso! ¡Solo te enseñé la foto! —Diciendo esto, sacó su celular apresuradamente, abrió la imagen y se la plantó en la cara a Enzo—. ¡Mírala, es una foto cualquiera! Seguro se encontraron de casualidad. ¡Jamás imaginé que Valentina se inventaría semejante locura! Daniel es el mejor amigo de mi esposo, y Gabriela... bueno, ellos jamás harían algo así. ¡Valentina, tienes una mente muy retorcida!
—¡Ah! ¡Jimena, eres una maldita perra manipuladora! —Valentina estaba al borde del colapso histérico.
¡Ella había sido la que le metió esas ideas en la cabeza, y ahora resultaba que la loca era ella!
El Oficial Cortés y sus hombres intercambiaron miradas. Definitivamente, esta familia era un nido de víboras.
El oficial le lanzó una mirada fulminante a Jimena, llena de significado, y cortó la discusión de raíz.
—Ya basta. Cualquier otra cosa que tengan que decir, la dirán en la comisaría.
Sin darles tiempo a más dramas, ordenó a sus agentes que se llevaran a Valentina a la fuerza.

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