Extendió los brazos para frenarlo, suplicando con la voz temblorosa:
—Cálmate, por favor. Hablemos de esto cuando termine la operación, ¿sí? Mateo sigue adentro, está muy grave. Por muy furioso que estés con tu hermana y por grave que sea su error, ¡Mateo no tiene la culpa! Después de todo, te ha llamado 'papá' durante seis años y te ama con toda su alma.
Enzo miró a su madre con los ojos inyectados en sangre. Su mirada era una mezcla de asombro, confusión y un dolor indescriptible.
—Mamá... eso significa que tú lo sabías. Sabías desde el principio que Valentina cambió a mi hijo, ¿no es así? Siempre lo supiste y la encubriste.
—Yo... —Viviana tartamudeó, evadiendo la penetrante mirada de su propio hijo—. Me vi acorralada, Enzo. Valentina es mi hija... tu hermana.
—¿Y qué pasa con mi hijo? ¿Acaso no es un Jara también? ¡Era tu nieto biológico!
Ante los reclamos de Enzo, Viviana no tuvo cara para responder, limitándose a repetir como un disco rayado:
—Enzo, tienes que entendernos a tu hermana y a mí, no teníamos opción...
—¿Qué quieres decir con que no tenían opción? —Héctor, quien finalmente había estabilizado su dolor en el pecho tras tomarse dos pastillas de emergencia, se acercó indignado.
Clavó la mirada en su hija y exigió saber:
—¿Desde cuándo Valentina tiene un hijo? ¿Y cómo es que yo, su padre, no sabía absolutamente nada?
Valentina se encogió detrás de Viviana, sin atreverse siquiera a respirar. Todo ese coraje que sacó cuando pensó que Mateo iba a morir se había evaporado al enfrentarse a la furia de su hermano y de su padre.
Como ella no abría la boca, Viviana tuvo que responder por ella.
—Tú siempre has sido un obsesivo con el honor de los Jara. Valentina quedó embarazada antes de casarse, ¡fue una vergüenza! ¿Cómo esperabas que te lo dijéramos?
Héctor sintió que el corazón le daba un vuelco. Casi se queda sin aire.
—¡¿Y qué me dices de ahora?! ¡¿Acaso esto no es mil veces más vergonzoso?!
¡Habían destruido el prestigio de la familia para siempre!

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