En la habitación del hostal.
El ambiente relajado que Gabriela disfrutaba leyendo su libro había sido completamente arruinado por la llamada de Enzo.
Afuera, los golpes en la puerta continuaban, esta vez con más insistencia.
Seguidos por la voz de Rocco, cargada con su habitual tono de mando.
—¡Gabriela, abre!
Gabriela puso los ojos en blanco con fastidio.
¡En plena madrugada, por qué todos los hombres tenían que ser tan insoportables!
Con el enojo a flor de piel, caminó hacia la puerta y la abrió de un tirón. Lo primero que vio fue la imponente figura del hombre recargado con pereza contra el marco de la puerta.
Tuvo que levantar ligeramente la cabeza para poder clavarle la mirada a Rocco.
El hombre, con una postura relajada, bajó la vista hacia ella.
—Tardaste tanto en abrir que pensé que te habías muerto.
Gabriela, de por sí ya irritada, sintió que el pecho le ardía de rabia al escuchar a este imbécil.
—Pues qué pena decepcionarte —masculló entre dientes.
Sin embargo, recordando que ese mismo día Rocco había donado una buena suma de dinero para remodelar la escuela de los niños del pueblo, se tragó el insulto que tenía en la punta de la lengua y preguntó, pausando cada palabra.
—Señor Salinas, ¿qué necesita?
El mensaje oculto era claro: *¡Más te vale que sea algo de vida o muerte!*
Rocco la observó, notando cómo apretaba los dientes, y la comisura de sus labios se curvó en una media sonrisa.
—Tengo hambre.
La expresión de Gabriela se congeló.
Cuando estaba hablando por teléfono con Enzo, creyó haber escuchado a Rocco decir algo sobre comida.
Pero pensó que había escuchado mal.
Después de todo, un hombre tocando la puerta en la madrugada no podía ser por algo tan ridículo como un antojo.
Además, él era un adulto perfectamente capaz. Si tenía hambre, ¿por qué no iba a buscar qué comer en lugar de molestarla a ella?
—Si tienes hambre, ve a buscar comida. ¿Para qué me buscas a mí?
—No sé dónde hay —respondió él, con un descaro absoluto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera