Pensándolo bien, realmente debía agradecerle a esa niña que murió tan pronto.
Si no hubiera muerto a esa edad, ella nunca habría podido convertirse en su reemplazo.
Sara miró la lápida. Detrás de su mirada afligida, se asomaba un brillo de disimulada satisfacción.
No te preocupes, yo tomaré tu lugar, cuidaré muy bien de tu tío y de toda la familia Salinas.
...
—¡Achís!
Justo al bajar del avión y mientras esperaba su equipaje, Gabriela estornudó sin motivo aparente.
Clara se acercó rápidamente, preocupada.
—Directora, ¿se resfrió?
Gabriela se sorbió la nariz y negó con la cabeza.
—No, es que de repente me picó la nariz.
Una picazón terrible que la obligó a estornudar.
De inmediato, no pudo contenerse y estornudó de nuevo.
Clara la miró sonriendo mientras Gabriela se frotaba la nariz.
—Dos estornudos seguidos de la nada. Seguro hay alguien que está pensando en usted o hablando de usted.
Gabriela tomó su maleta de la cinta transportadora y respondió:
—No puedo creer que creas en esas supersticiones.
El equipaje de Clara venía justo detrás del de Gabriela. Mientras lo agarraba, replicó:
—¿Por qué supersticiones? El nivel más alto de la ciencia es lo esotérico, todo tiene su fundamento.
Gabriela extendió el asa de su maleta y miró de reojo a Clara.
—Con esa actitud, mejor no digas que eres mi asistente cuando estemos afuera.

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