Y lo más importante: ¡en esa breve charla mencionaron el Instituto de Investigación Aranda y una conferencia de prensa!
En ese preciso instante, Lucía García dejó escapar un jadeo de asombro. Rápidamente abrió el navegador de su celular, donde aún tenía guardado el historial de búsqueda de hace un rato.
Al tocar el enlace, la página corporativa del Instituto de Investigación Aranda apareció en la pantalla.
Abrió los ojos desmesuradamente y levantó el teléfono para que todas lo vieran.
—¿El Instituto de Investigación Aranda? ¡¿No es ese el lugar súper importante y prestigioso del que estábamos hablando antes?!
Ante el recordatorio de Lucía, a todas las damas de sociedad se les prendió el foco.
Hacía nada, estaban chismeando sobre lo increíble que era ese instituto y llenando de halagos a Enzo y a Jimena por el "supuesto" contrato inminente de Tecnologías Heraldo.
Lucía miró a Gabriela con una expresión teatral de asombro.
—¿Cómo la llamó ese directivo? ¿Consultora Aranda? Entonces... ¡¿Ella es la jefa consultora del Instituto?!
—¡Exacto! Y no solo la llamó consultora, dijo que hizo un invento revolucionario a nivel mundial —agregó otra señora.
—¡Dios mío, la sobrina de la señora Zúñiga es un peso pesado! —Lucía se tapó la boca, escandalizada, y sin poder evitarlo, miró de reojo a Viviana.
Resultaba que cuando Isabel Zúñiga presumió de que su sobrina era alguien importante y que empresarios de alto nivel harían fila para verla... ¡no estaba exagerando ni un poco!
¡Por supuesto que era alguien importante!
Era una bestia en los duelos de estrategia, humillando a oponentes que el propio Héctor Jara no podía vencer.
Tenía una caligrafía magistral, elogiada por expertas de la alta sociedad.
Y ahora, resultaba ser una líder clave en el instituto de investigación más cotizado del país. Tanto así que el presidente de un gigante como Intelectra tenía que doblar la espalda y medir sus palabras frente a ella.
¡Eso no era ser "simplemente exitosa", eso era jugar en las ligas mayores!

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