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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 264

—Hay que admitirlo, la letra de la sobrina de la señora Zúñiga es una preciosidad —susurró Lucía García, dándole un codazo a la mujer que tenía al lado.

—Preciosa es poco, se nota a leguas que ha estudiado con verdaderos maestros —respondió la otra.

—Exacto. Sus trazos son firmes pero ligeros, limpios y llenos de fuerza. Es como si las letras brotaran del papel. Sin al menos diez años de dedicación constante, es imposible escribir con tanta clase —agregó otra señora, miembro central del Círculo de Damas y conocida coleccionista de arte.

Que alguien de su estatus le diera semejante elogio, demostraba lo espectacular que era la caligrafía de Gabriela.

Un nivel de admiración que jamás podría compararse con los halagos vacíos por tocar una pieza de piano a medias y llena de errores.

Al escuchar la conversación de las damas, Viviana apretó los puños lentamente.

—¡Jajaja, magnífico, magnífico! —La risa estruendosa y casi desquiciada de Matías rompió la atmósfera solemne de golpe.

Agarró el pergamino con el nombre y número de Gabriela, lo dobló con extremo cuidado como si fuera un mapa del tesoro, y se lo guardó en el bolsillo interior del saco.

Héctor, que seguía hipnotizado por la escritura, parpadeó al ver que se llevaban el papel. Miró a Gabriela con una expresión cargada de emociones encontradas.

—Tú... ¿no solo eres una genio de la estrategia, sino que también tienes esta habilidad para la caligrafía? —Héctor la miró fijamente—. ¿Por qué nunca mostraste nada de esto antes?

Si lo hubiera sabido a tiempo...

Al escuchar que Héctor le hacía casi la misma maldita pregunta que Enzo alguna vez le hizo, Gabriela solo pensó en lo idénticos que eran padre e hijo. Siempre buscaban los defectos en los demás, siempre parados desde su pedestal de superioridad.

Hacía apenas unos instantes, la había amenazado fríamente para que se largara del lugar.

Y ahora, se atrevía a cuestionarla.

No era que ella hubiera querido ocultar sus talentos; era que la familia Jara jamás le dio la oportunidad de integrarse.

Enzo nunca hablaba de trabajo con ella, le prohibía involucrarse y mucho menos le permitía acercarse a Tecnologías Heraldo.

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