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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 236

En la casa de los Olivera, Isabel Zúñiga colgó la llamada con Lucía García y se quedó con el semblante ensombrecido.

—¿Qué pasó? —le preguntó Cristian Olivera al verla así.

—Es ese grupito de señoras estiradas. Dicen que la academia de ajedrez de Héctor Jara va a tener su cóctel de aniversario, y que la próxima reunión del Círculo de Damas será ahí. Esa mujer tuvo el descaro de mandar a llamarme para exigir que asista sin falta —se quejó Isabel. Solo de pensar en la cara de superioridad de Viviana Yáñez, le hervía la sangre.

Si no fuera por la amistad que su marido tenía con Héctor, no cruzaría ni media palabra con esa arpía de Viviana.

—Pues mira qué coincidencia, yo justo quería pedirte que me acompañaras al evento de Héctor —comentó Cristian, dejando claro que también había recibido la invitación.

—¡Pero es que no quiero ir! —protestó Isabel con frustración—. No tienes idea, me contaron que hoy Viviana llevó a su nueva nuera a la reunión. Estaba insoportable, presumiéndola como si fuera la única suegra en el planeta y como si su nuera fuera la octava maravilla del mundo.

El rostro de Isabel se apagó por un momento.

—Todas las demás llevan a sus hijas, a sus nueras, o por lo menos van con sus hermanas. Yo siempre voy sola.

Cristian la miró con profunda culpa.

Para cuidar a su difunto padre, la familia se había mudado a su ciudad natal, donde él construyó la mayor parte de su negocio.

Con el tiempo, la empresa creció enormemente, y tras la muerte del anciano, decidieron regresar a Puerto Serena.

Gracias al respaldo de Rocco Salinas, sus negocios no solo no sufrieron al reubicarse, sino que prosperaron aún más.

Sin embargo, a nivel personal, se sentían aislados. Su hijo y su familia vivían en el extranjero. Y las amistades que dejaron en Puerto Serena se habían enfriado por los años de distancia.

Para Cristian era más fácil. Tenía a sus socios comerciales y había hecho buenas migas con Héctor Jara.

Pero Isabel estaba prácticamente sola. Apenas tenía vida social, y para colmo, su relación con la esposa de Héctor era un desastre.

De pronto, a Cristian se le iluminó el rostro.

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