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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 162

Clara no conocía a Enzo personalmente, pero recordaba que durante la conferencia este hombre le había cerrado el paso de manera extraña, llamándola con insistencia "señorita Aranda".

Por lo tanto, no le tenía la más mínima simpatía.

Al verlo acercarse, se interpuso de inmediato y lo frenó con tono cortante.

—Disculpe, la directora necesita descansar en este momento.

Pero Enzo no se detuvo. Miró fijamente a la deslumbrante mujer frente a él. Jamás en su vida había sentido una tormenta de emociones tan compleja.

Tenía tantas preguntas, tantas cosas que decirle.

Pero al encontrarse con esa mirada gélida y vacía de Gabriela, las palabras se le atoraron y solo logró articular una frase.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Su voz temblaba levemente. En ella se mezclaba el reproche, la confusión y un arrepentimiento del que ni siquiera él mismo era consciente todavía.

—Señor Jara, ¿exactamente qué tenía que decirle? —Gabriela bajó su vaso y lo miró con absoluta seriedad.

La actitud fría y distante de la mujer hizo que el corazón de Enzo diera un vuelco doloroso.

—Gabriela, ¿cómo me llamaste?

—Señor Jara —repitió ella, remarcando las palabras con una distancia aún más gélida—. Si se trata de la licitación para nuestro proyecto, le sugiero que revise la página web del instituto o las plataformas públicas. Buscarme en privado no le servirá de nada, todo se hará mediante un proceso abierto y transparente.

El tono estrictamente profesional de Gabriela lo hizo sentir frente a una completa extraña.

Una asfixiante sensación de pérdida de control lo envolvió, y un pánico desconocido comenzó a extenderse desde el fondo de su alma.

—¡Gabriela! —gritó el siempre impecable señor Jara, elevando la voz de golpe y perdiendo los estribos en público.

Era la segunda vez en el día que perdía su famosa compostura.

La primera fue durante la conferencia, cuando Lorenzo Paredes anunció que ella era la nueva directora. En ese momento, su pérdida de control fue puro impacto.

Pero esta vez... ni siquiera él sabía por qué estaba actuando así.

Solo sabía que esa sensación de desequilibrio lo estaba volviendo loco.

Ese grito inevitablemente convirtió el rincón donde estaban en el foco de atención de todo el salón.

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