La estruendosa ovación en el salón principal tardó muchísimo tiempo en apagarse.
Una vez que se restableció el silencio, Gabriela, asumiendo con total autoridad su papel como directora del centro de investigación, procedió a anunciar oficialmente la apertura de la licitación para buscar socios corporativos que fabricaran en masa el oscilador cuántico.
—Las bases de la convocatoria ya han sido publicadas de manera oficial. Los detalles técnicos, los requisitos legales y los plazos pueden consultarse directamente en el Portal Nacional de Licitaciones y en la página web oficial del Instituto de Investigación Aranda. Durante este periodo, recibiremos las propuestas y realizaremos la precalificación de las empresas interesadas.
Con esas últimas palabras, Gabriela agradeció al público y bajó del podio. Esto marcó el apoteósico final de una cumbre tecnológica que pasaría a la historia del sector.
Tras la clausura oficial, los organizadores invitaron a los asistentes al salón contiguo para disfrutar de un elegante almuerzo estilo bufet.
Debido a lo delicado de su salud, apenas concluyó el evento, Gabriela exigió de manera tajante que don Antonio fuera escoltado de regreso a la tranquilidad de su casa de reposo.
Lorenzo, ahogado en la inmensa carga de trámites burocráticos y entrevistas que se avecinaban, tampoco pudo quedarse a hacer relaciones públicas.
Como resultado, Gabriela fue la única figura de autoridad del instituto que se quedó para representar a la organización durante la recepción.
En el salón de banquetes, Enzo había perdido por completo el interés en hacer negocios. Mientras los demás directores ejecutivos charlaban con copas de vino en la mano, sus ojos escaneaban desesperadamente el mar de gente, buscando cualquier rastro de ella.
Jimena caminaba un paso detrás de él, en silencio, con los labios apretados y una mirada plagada de envidia, odio e incertidumbre.
Por su parte, el ejecutivo de gafas y sus dos colegas seguían flotando en la nube de adrenalina que les dejó la presentación.
—La ponencia de la directora Aranda fue simplemente espectacular. Quién diría que alguien tan joven pudiera tener un cerebro tan brillante —comentó uno de ellos, fascinado.
—Totalmente. Y esa respuesta improvisada en la ronda de preguntas... se me puso la piel de gallina. Qué nivel de genialidad.
El hombre de gafas sostenía su celular con pesar.
—Darían lo que fuera por haberlo grabado. Si pudiera estudiar su explicación con calma, nos destrabaría un montón de problemas en nuestro propio departamento técnico.
—Sí, qué lástima no haber podido sacar notas.
—Bueno, al menos lo que escuchamos nos abrió bastante los ojos —concluyó el hombre de gafas, antes de girarse hacia Enzo y su acompañante—. Por cierto, director Jara, ¿qué relación tiene usted exactamente con la directora Gabriela? ¿Cómo fue que se conocieron?

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