¡Zas! Sin esperar a que terminara su sarta de sandeces, Vilma se abalanzó sobre él y le dio una sonora bofetada.
Los guardaespaldas que esperaban fuera oyeron el golpe y entraron de inmediato, perfectamente entrenados.
Facundo, abofeteado, se enfureció aún más. Justo cuando se disponía a devolvérsela, los guardaespaldas lo inmovilizaron, uno a cada lado.
—¿Eres un perro rabioso o qué, Facundo? ¡Andas mordiendo a todo el mundo! A Palmiro lo acabo de conocer, ¡no tenemos la relación que te imaginas! ¡Nereo es de una donación de esperma! ¡Fuiste tú, que eres impotente y no puedes ser un hombre, quien me rogó que lo hiciera! ¡Y ahora vienes a atacarme!
A Vilma no le importaba que la calumniaran a ella, pero no podía permitir que mancharan el nombre de Palmiro.
El heredero de la poderosa familia Carmona, un hombre de estatus e influencia, estaba siendo acusado de ser su "amante" solo por haberla ayudado amablemente. ¿Cómo podía permitirlo?
Pero Facundo no estaba dispuesto a creerle.
Sujeto por los guardaespaldas, seguía gritando: —Si no fueran un par de adúlteros, ¿por qué te ayudaría tanto? Eres una simple ama de casa, ¿cómo conociste a alguien tan importante? ¡Hizo una excepción para llevar tu caso y ni siquiera te cobra!
—Exacto, como tú dices, soy una simple ama de casa. ¿Qué podría hacer para atraer a un hombre de su calibre? ¿No crees que él podría tener a cualquier debutante o heredera que quisiera?
La pregunta hizo que Facundo se quedara callado.
—Pero… pero Nereo y él… ¡son demasiado parecidos! ¡Claramente es su hijo…!
Facundo estaba confundido, su mirada saltaba del niño al rostro de Palmiro y viceversa.
Finalmente, decidió confiar en su propio juicio. —¡En cualquier caso, estoy seguro de que hay algo entre ustedes! Vilma, realmente te subestimé. Quién diría que estabas jugando una partida tan larga, no solo poniéndome los cuernos, ¡sino también tratando de dejarme en la calle!
Vilma, incapaz de defenderse ante tantas acusaciones, se rindió. —Piensa lo que quieras. Supongo que tu disfunción te ha vuelto un retorcido y un enfermo.
Un hombre del estatus de Palmiro tampoco se molestaría en darle explicaciones.
Se limitó a lanzar una mirada a los guardaespaldas, quienes entendieron al instante y empezaron a sacar a Facundo de la habitación.
—¡Te lo advierto, Vilma, no me voy a rendir! ¿Quieres dejarme sin un centavo? ¡Ni lo sueñes! ¡Voy a hacer que su escándalo se sepa en todas partes!
Se llevaron a Facundo a la fuerza, pero su boca seguía lanzando insultos.
Vilma se sentía avergonzada y mortificada. Se giró hacia Palmiro, con una expresión de disculpa: —Abogado Carmona, lo siento mucho. Solo intentaba ayudarme y acabó metido en este lío.
Palmiro esbozó una leve sonrisa, claramente indiferente.
—No te preocupes, no le hagas caso. El tribunal ya le ha entregado la citación. La audiencia será en un mes. Si no hay imprevistos, su matrimonio terminará en un mes.
Vilma se sorprendió. —¿Tan rápido?
—Sí —asintió Palmiro—. ¿Qué pasa, estás dudando?
—Claro que no —negó Vilma—. Es solo que había investigado y leí que un divorcio contencioso tarda al menos tres meses, y muchos incluso más de medio año.
—Eso aplica a otros.
Esas simples palabras reflejaban el control absoluto de Palmiro.

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