Nélida se quedó paralizada en pleno ataque al escucharlo.
Miró con los ojos muy abiertos el documento que tenía delante, y su expresión cambió varias veces.
—Facundo… —Le arrebató el escrito y se volvió hacia él—. Esto… vinieron preparados.
Facundo apretó los puños.
Había pensado que hoy se divorciaría sin problemas y que en un mes sería un hombre libre de nuevo. Pero no solo su sueño se había hecho añicos, sino que ahora se enfrentaba a una pesadilla tras otra.
Dando un paso adelante, tomó el documento y, tras echarle un vistazo rápido, fijó su mirada en Vilma.
—Así que lo tenías todo planeado. Ya habías contratado a un abogado y presentado la demanda, y aun así viniste a fingir que querías un divorcio de mutuo acuerdo…
Facundo estaba furioso, pero también sentía una punzada de tristeza.
Se decía que un divorcio le arrancaba a una mujer la mitad de su vida. Pero él sentía que a Vilma no le dolía en absoluto.
El hecho de que pudiera ser tan lúcida, racional e incluso previsora para tenderle una trampa tan grande solo podía significar una cosa: nunca lo había amado.
Vilma ya había sufrido lo suficiente; ahora estaba en calma.
Llegar a un punto tan desagradable después de años de matrimonio tampoco era fácil para ella.
En realidad, ella no era tan maquiavélica.
Fue en el camino hacia allí que Palmiro, al enterarse de su plan, había actuado con decisión y había impreso el escrito de demanda con una impresora portátil que llevaba en el coche.
Palmiro le había explicado que, en un divorcio contencioso, el escrito de demanda no era un paso estrictamente necesario al principio.
Pero en su caso, era fundamental entregárselo. Servía tanto para dejar claras sus exigencias como para darles un golpe contundente.
Y ahora, el efecto era evidente.
Hacía un momento, ese par de desgraciados celebraban su inminente soltería, seguramente fantaseando con un futuro feliz juntos.
Al siguiente, se habían estrellado contra el fondo del abismo. Un contraste tan brutal era difícil de aceptar para cualquiera.
Vilma pensó en el acuerdo de divorcio tan injusto que le habían presentado y no sintió la más mínima compasión.
—Facundo, ¿no crees que solo estoy siguiendo tu ejemplo? Antes de pedirme el divorcio, tú también lo investigaste todo, ¿no? ¿O es que solo tú tienes permitido manipular a los demás y los demás no pueden devolverte el golpe?
Cada palabra de Vilma sonó firme y decidida. —Te lo dije antes: si quieres el divorcio, está bien, pero solo aceptaré que te vayas sin nada y que Nereo se quede conmigo.
—Jamás me iré sin nada —replicó Facundo, desafiante.
—Ya lo veremos —respondió Vilma con una sonrisa despectiva.
Nélida, todavía aturdida, ya se había olvidado de la bofetada que había recibido. Tiró de la mano de Facundo, desprovista de su arrogancia anterior. —Facundo… ¿qué hacemos ahora? Deberíamos buscar un abogado ya mismo.
Palmiro la miró, inexpresivo. —Señor Zurita, si necesita un abogado, puedo recomendarle a alguien.

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