Facundo todavía estaba tratando de averiguar quién era el hombre que acompañaba a Vilma. Al oírla, volvió en sí y le entregó tres copias del acuerdo de divorcio.
Vilma ni siquiera lo miró. Tomó los documentos, le dio una copia a Palmiro y se puso a leer la suya.
Al ver que le entregaba una copia del acuerdo al hombre a su lado, la curiosidad de Nélida sobre su relación creció. Se cruzó de brazos, dispuesta a disfrutar del espectáculo.
—Vaya, Vilma, de verdad que te subestimé. A punto de ser una mujer abandonada, y ya andas presumiendo a tu nuevo galán sin siquiera haberte divorciado.
Palmiro, que había bajado la vista para leer el acuerdo, levantó la mirada al oírla. Sus ojos profundos, se posaron fríamente en ella.
Sin decir una palabra, su imponente aura de poder hizo que Nélida sintiera un escalofrío.
—Soy el abogado contratado por la señorita Aguayo. Le pido que cuide sus palabras, o podría meterse en problemas —advirtió Palmiro con calma, antes de retirar su gélida mirada.
La mirada de Palmiro la dejó helada y temblando por dentro.
Pero no iba a dejarse intimidar. Forzó una sonrisa burlona y dijo con falsa naturalidad: —Ah, y yo que me preguntaba quién era. Resulta que es un abogado. Si es un divorcio de mutuo acuerdo, ¿para qué traes un abogado?
La pregunta iba dirigida a Vilma.
Pero Palmiro, sin siquiera levantar la vista, respondió: —Señorita Prieto, si va a ser la amante, debería ser más discreta. Usted no tiene voz ni voto aquí.
Nélida se quedó sin palabras, con el rostro pálido de ira. Miró a Facundo con resentimiento, pero él no le hizo caso; en cambio, observaba a Palmiro con expresión pensativa.
Después de un momento, preguntó con cierta incertidumbre: —¿Usted es... Palmiro Carmona?
Palmiro arqueó una ceja. —¿Me conoce?
—¿De verdad es Palmiro Carmona? —preguntó Facundo, asombrado.
Vilma también se sorprendió un poco.
No esperaba que Facundo conociera a Palmiro.
Sin embargo, por su tono y reacción, no parecía conocerlo bien, sino más bien haber oído hablar de él.
Palmiro no lo negó, lo que equivalía a una confirmación.
Facundo miró a Vilma y dijo con un tono cargado de significado: —Eres increíble. Te subestimé.
Lo que quería decir era que Vilma había logrado contratar a alguien del calibre de Palmiro. Al mismo tiempo, se sintió aliviado de que Nélida hubiera negociado un divorcio de mutuo acuerdo con ella.
De lo contrario, si hubieran ido a juicio, él habría salido perdiendo.
Nadie podía ganarle a Palmiro Carmona en un tribunal.
—Gracias por el cumplido —respondió Vilma con una sonrisa.
Bajó la vista y siguió ojeando el acuerdo. En realidad, no importaba si lo leía o no; no iba a haber un divorcio de mutuo acuerdo. Todo era una farsa para engañarlos.
Los términos del acuerdo eran indignantes. Aparte de poder llevarse sus efectos personales de la casa, todo lo demás sería propiedad de Facundo. En otras palabras, la dejaba en la calle, sin nada.

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