—Si Norberto tuviera un hijo, ¿podría hacerme una prueba de parentesco con él?
Salvador se quedó perplejo. —¿Qué tonterías dices? ¿De dónde sacó Norberto un hijo?
—No te metas, solo responde mi pregunta.
Aunque confundido, Salvador le dio una respuesta profesional: —Si Norberto tuviera un hijo, tú serías su tío paterno directo, y sí, podrían hacerse una prueba de parentesco. Sin embargo, técnicamente, el proceso es más complejo que una prueba de paternidad.
—Entendido.
—¡Espera! Aún no me has explicado de dónde salió ese hijo. Ya te dije que las muestras de Norberto para la fecundación in vitro fallaron, no dejó ningún hijo.
—Entonces tu investigación fue errónea —afirmó Palmiro con convicción.
—¡Imposible!
Palmiro no le creyó y colgó sin más.
Iker conducía al frente.
Al ver que su jefe terminaba la llamada, lo miró por el retrovisor. —Jefe, ¿va a solicitar una prueba de parentesco con el hijo de la señorita Aguayo?
—Sí. Busca al médico tratante del niño, no debería ser difícil conseguir una muestra de su sangre. Recuerda hacerlo en secreto, que Vilma no se entere —ordenó Palmiro con seriedad.
—Entendido.
Después de dar las instrucciones, Palmiro se giró para mirar por la ventanilla, su mente todavía repasando la imagen del niño.
No era de extrañar que su madre estuviera obsesionada, yendo a escondidas todos los días para verlo.
El parecido era asombroso. Ver a ese niño era como ver a Norberto de pequeño.
Hacía un momento, en el elevador, casi no pudo contenerse; quiso tomar al pequeño en sus brazos.
Si realmente era el hijo de Norberto, ¿qué haría?
Palmiro no pudo evitar pensar en los siguientes pasos. Si era cierto, ¿podría la familia Carmona reclamar al niño?
¿Aceptaría Vilma?
No, si era cierto, lo primero que debía hacer era encontrar al mejor equipo médico del mundo y hacer todo lo posible por curar la enfermedad del niño.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, esposo impotente