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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 322

Al caer la noche, Palmiro regresó. Al no ver a nadie en la sala, y antes de que pudiera preguntar a Leira, escuchó risas provenientes del jardín trasero.

Atravesó la sala y se dirigió hacia allí. A través de los ventanales, vio a lo lejos dos figuras, una grande y otra pequeña, afanadas en la nieve.

En un rincón del jardín ya había una fila de muñecos de nieve.

Al observarlos de cerca, vio cuatro grandes y uno muy pequeño.

Nereo estaba usando el teléfono de su madre para hacer una videollamada con su abuela.

—Abuela, mira, esta es nuestra familia de muñecos de nieve. Esta eres tú, este es el abuelo, este es el tío, esta es mamá y este pequeñito de aquí soy yo.

Nereo hablaba entrecortadamente por el esfuerzo. Después de presentar a cada muñeco, no pudo evitar presumir:

—Este muñequito lo hice yo solo, ¿a que es adorable?

Al otro lado del video, Poncio y Manuela sonreían ampliamente, asintiendo con entusiasmo.

—Nereo es increíble, ¡eres todo un escultor!.

El pequeño no paraba de hablar con sus abuelos. Vilma, que llevaba dos horas trabajando y ya sentía la espalda sudorosa, se levantó y se quitó la bufanda.

Al darse la vuelta, vio una figura alta y elegante que se acercaba desde el salón contiguo.

Palmiro nunca había experimentado la sensación de llegar a casa después de un largo día de trabajo y ser recibido por un ambiente lleno de risas y alegría.

Esa escena le hizo comprender al instante el significado del calor de un hogar con esposa e hijos.

También entendió de golpe las buenas intenciones de sus padres al presionarlo para que se casara y tuviera descendencia.

Con una familia, una esposa y la siguiente generación, la vida de repente se enriquecía, dejando de ser solo un monótono y aburrido trabajo.

Con el corazón lleno de emociones, caminó instintivamente hacia aquella hermosa estampa, deseando formar parte de ella.

Sus miradas se encontraron y Vilma le sonrió de forma natural, acercándose a él.

Palmiro se aproximó y le quitó un poco de nieve del cabello con la mano.

Vilma se sacudió la nieve de los hombros y se quejó con cariño:

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