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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 307

Palmiro sonrió y se enderezó.

No negó sus palabras, pero tampoco las confirmó.

—Sea o no mi hijo biológico, no tiene nada que ver contigo, así que no vuelvas a buscar a Vilma. Si nos pones uno al lado del otro, hasta un tonto sabría a quién elegir. ¿Por qué insistes en humillarte?

Dicho esto, Palmiro se dio la vuelta y abrió la puerta del coche.

Pero Facundo perdió la calma. Se acercó y golpeó la ventanilla, con una expresión de total incredulidad.

—¿Cómo puede ser tanta coincidencia? Alguien con tu estatus, ¿por qué irías a donar esperma? ¿Y que justo lo usáramos nosotros? ¿Qué te hace estar tan seguro de que Nereo es tu hijo? ¿Acaso hiciste una prueba de paternidad en secreto?

Palmiro bajó la ventanilla y comenzó a jugar con las palabras.

—Todo eso son conjeturas tuyas. Yo no he dicho nada.

Sacarle información útil a un abogado profesional era imposible, a menos que él quisiera cooperar.

Palmiro quería que Facundo lo supiera, pero sin darle pruebas, para que la incertidumbre lo consumiera.

—¡Palmiro, espera! Explícate bien, ¿Nereo es tu hijo o no? ¿El hijo que crie con tanto esfuerzo durante tres años resulta ser tuyo?

Palmiro sonrió, subió la ventanilla y se marchó a toda velocidad.

—¡Palmiro... detente, explícate! —Facundo corrió un par de pasos, pero no pudo alcanzarlo. Frustrado, agitó los puños al aire—. ¡Maldito cabrón, te pasaste de la raya!

El hijo que había criado con tanto esmero resultaba ser el hijo biológico de otro, y se lo habían llevado con una facilidad pasmosa.

Para Facundo, ese golpe era incluso más duro que la quiebra de su empresa.

Mientras se alejaba, Palmiro miró por el retrovisor a su rival, patético y furioso, y una sonrisa de desdén se dibujó en su rostro.

Sacó su teléfono y le envió un mensaje de voz a Vilma.

«Acabo de encontrarme a Facundo y le di una pequeña sacudida. Me temo que no se quedará tranquilo y te esperará abajo de la oficina. Llámame cuando termines y vengo por ti».

No podía permitirse disfrutar de su pequeña victoria verbal si eso le causaba problemas a Vilma.

Por eso, era mejor avisarle de antemano.

Vilma escuchó el mensaje y frunció el ceño, pensativa.

¿Darle a Facundo una pequeña sacudida? ¿Qué significaba eso?

Sin embargo, como tenía prisa por terminar su trabajo, no preguntó más y solo respondió con un «Enterada».

Media hora después, tras dar una vuelta, Palmiro acababa de llegar al edificio de CreativaLab cuando recibió la llamada de Vilma.

—¿Terminaste? Qué puntual —dijo Palmiro, sonriendo.

—Sí, ya voy a bajar. Pasa a recogerme, por favor.

—Estoy abajo de tu oficina.

—¿Has estado esperando todo este tiempo? —preguntó Vilma, sorprendida.

—No, acabo de llegar.

Vilma salió del ascensor pensando que Palmiro la estaría esperando en el coche, pero se sorprendió al verlo de pie justo en la entrada de la empresa.

Estaba hablando por teléfono.

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