Llegados a este punto, Vilma sabía que no podía seguir evadiéndolo.
Además, para salvar a Nereo, tenía que dar este paso.
No importaba que el hombre fuera un espécimen de élite como Palmiro; incluso si fuera un patán como Facundo, por salvar a su hijo lo haría sin dudarlo.
—Palmiro, gracias por estar dispuesto a sacrificar tanto para salvar a Nereo. La deuda que tengo contigo y con tu amabilidad hacia nosotros es algo que nunca podré pagar en esta vida.
Palmiro frunció el ceño. —¿A qué viene todo esto de repente?
—Por salvar a Nereo, yo también estoy dispuesta a todo. Pero, por favor, dame tres días para prepararme mentalmente —al decir esto, el corazón de Vilma latía tan fuerte que sentía que se le saldría del pecho.
El martes se iba de viaje de negocios y no volvería hasta el viernes por la noche como muy pronto.
Una semana sería suficiente para prepararse psicológicamente.
Además, calculando las fechas, en una semana estaría cerca de su período de ovulación.
Si tenía suerte y quedaba embarazada a la primera, se ahorraría tener que seguir intentándolo.
Palmiro se sorprendió un poco; un atisbo de asombro cruzó su rostro. —¿Eso significa… que estás de acuerdo?
Vilma asintió sin hablar.
—Ya te di tres días para pensarlo, y ya pasaron. ¿Por qué necesitas otros tres? —temía que fuera solo una excusa de Vilma para posponerlo.
—Es diferente. Me refiero a que en tres días, empezaremos a intentar concebir…
Tenía la cabeza gacha, pero las orejas le ardían como si estuvieran en llamas.
Palmiro se quedó perplejo por un segundo.
No esperaba que el "plazo de tres días" tuviera ese significado.
Lo tomó un poco por sorpresa; él había pensado que en tres días oficializarían su relación.
Hubo un momento de silencio entre ellos, que Palmiro rompió primero. —De acuerdo, te doy tres días. Después de esos tres días, me mudaré aquí.
—¿Te mudarás aquí? —Vilma levantó la cabeza de golpe, sorprendida.
Palmiro asintió. —¿Y si no? ¿Estás sugiriendo que solo cuando necesitemos…?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, esposo impotente