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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 239

Sus palabras hicieron reír a todos los presentes.

Poncio se apresuró a prometerle a su nieto: —¡Claro, de ahora en adelante, Nereo podrá ser así de feliz todos los días!

Vilma, al ver la sonrisa genuina y alegre en el rostro de su hijo, una que no había visto en mucho tiempo, buscó instintivamente la mirada de Palmiro y le lanzó una ojeada de gratitud.

Antes de que la fiesta terminara, Nereo comenzó a sentirse cansado.

Su enfermedad no estaba completamente curada, y aunque le habían dado el alta, necesitaba principalmente reposo.

Así que Vilma lo tomó en brazos y lo llevó a su habitación para que durmiera.

Ya en la cama, Nereo parpadeó con sus grandes ojos y susurró: —Mamá, me gusta mucho la casa de este abuelo y esta abuela, es mejor que la casa del otro abuelo.

Vilma sonrió con amargura.

Hablar del «otro abuelo» le provocaba un suspiro de pesar.

Hoy era el tercer cumpleaños de su hijo, y nadie de la familia Zurita la había llamado o enviado un mensaje para felicitarlo.

Se suponía que los problemas entre adultos no debían afectar a los niños.

Después de todo, habían sido una familia, y antes de la ruptura, ella se había esforzado mucho por mantener la armonía en ese hogar.

Pero ahora que ella y Facundo Zurita estaban separados, parecía que habían cortado todos los lazos de un tajo, hasta el punto de ignorar el cumpleaños del niño.

Al ver la mirada algo cautelosa de su hijo, Vilma entendió lo que pensaba.

El pequeño sentía que estaba mal «abandonar» al otro abuelo, pero no podía evitar admitir su verdadero sentir: le gustaba más el abuelo de ahora.

Ella le acarició la mejilla con una sonrisa y le dijo en voz baja: —Mamá también piensa que este abuelo y esta abuela son los mejores. Si te gusta estar aquí, puedes venir a menudo.

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