Tenía que volver pronto para estar con su hijo.
Vilma tomó sus cubiertos y siguió comiendo.
Pero su teléfono volvió a sonar. Era un mensaje.
Al ver la foto de perfil, sintió curiosidad de nuevo.
¿Qué más querría Palmiro?
Abrió el mensaje y vio que solo había enviado una palabra.
[¿Dirección?]
El corazón de Vilma dio un vuelco.
¿Qué significaba eso?
¿Acaso iba a venir en persona a llevársela? ¿O iba a venir a recogerla?
Fuera cual fuera la posibilidad, no quería ninguna de las dos.
Así que, después de leer el mensaje, Vilma no respondió y siguió comiendo.
Hablar con una buena amiga es la mejor manera de liberar el estrés y la negatividad.
Vilma le contó todo lo que había sucedido en el último medio mes: la grave enfermedad de su hijo, la ruptura de su matrimonio, e incluso el descubrimiento de que sus padres no eran biológicos. Al recordarlo ahora, admiraba su propia capacidad de aguante, pues había superado todo aquello.
—Después de la tormenta siempre llega la calma. ¡Lo mejor está por venir! Piénsalo: gracias a la enfermedad de Nereo, conociste a una familia tan influyente como los Carmona; gracias a la ruptura de tu matrimonio, obtuviste una fortuna de varias decenas de millones; y como tus padres no son biológicos, ya no podrán aprovecharse de ti.
Karina le fue desglosando todo. —¿No te parece que, de alguna manera, cada una de estas aparentes desgracias se ha convertido en una bendición?
Sus palabras consolaron a Vilma, y su estado de ánimo se iluminó al instante.
Las dos chicas levantaron alegremente sus jugos y brindaron. Antes de que Karina pudiera dar un sorbo, su teléfono sonó.
Dejó el vaso, sacó el teléfono y vio que era un número local desconocido.
—Hola, buenas noches.
—Señorita Alcalá, soy Palmiro. ¿Dónde están comiendo?
Al escuchar esa voz, los ojos de Karina se abrieron como platos y se giró para mirar a Vilma.
Por suerte, Vilma estaba mirando su propio teléfono en ese momento y no notó su reacción.
Sí, Vilma estaba revisando sus mensajes, para ver si Palmiro había escrito algo más.
Nada.
Después de esa única palabra que le envió, y al no recibir respuesta, no hubo más comunicación.
Karina se dio la vuelta y preguntó en voz baja: —¿Por qué... por qué no le pregunta directamente a ella?
—No responde —dijo Palmiro sin rodeos.
De repente, Karina entendió algo y, conteniendo los latidos de su corazón, susurró: —En el cuarto piso de Edificio de Torre, en el restaurante de carne asada.
—Gracias.
Tras colgar, Karina dejó el teléfono sobre la mesa.
Vilma la miró y preguntó: —¿A quién le dijiste que estábamos comiendo aquí?
Karina, una experta en mentir sin pestañear, respondió: —Era mi papá. Le dije que estaba comiendo carne asada fuera y que hablaríamos cuando llegara a casa.
Vilma no le dio más vueltas y siguió comiendo.
Poco después, el teléfono de Karina volvió a sonar. Esta vez era un mensaje.

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