Facundo le gritó mientras ella se alejaba: —¡Nereo sigue siendo mi hijo! El divorcio no cambia eso. ¡Cuando tenga los medios, lo recuperaré!
Al oír esto, Nélida le tiró del brazo y le preguntó enfadada: —¿Qué estás haciendo? Ni siquiera es tu hijo biológico, ¿quieres traer una boca más que alimentar?
—No lo entiendes. Ese niño es su vida entera, ¡y yo quiero arruinarle la vida! —dijo Facundo entre dientes, mirando la espalda de Vilma mientras se alejaba.
En realidad, cuando detuvo a Vilma, su intención era preguntar cómo iba el tratamiento de Nereo.
Pero la bofetada de Vilma despertó su resentimiento, y ahora solo pensaba en vengarse.
La explicación calmó a Nélida. —Ah, pensé que extrañabas al niño… Si tanto quieres un hijo, cuando te recuperes económicamente, puedo someterme a una inseminación artificial. Podemos tener los que quieras.
—Cariño, ¿lo dices en serio? ¿Estarías dispuesta a pasar por eso por mí? —preguntó Facundo, emocionado.
Nélida se hizo la modesta. —Eso dependerá de lo bien que me trates.
—¡Bien, por supuesto que te trataré bien! Todo lo que tengo es tuyo, ¿acaso eso no es suficiente? —aseguró Facundo rápidamente.
Vilma bajaba las escaleras, preparándose para subir al coche, cuando uno de los guardaespaldas la detuvo.
—Señorita Aguayo, el señor Carmona ha llegado. Está en ese coche de atrás.
Vilma se quedó helada. Su mirada se dirigió a lo lejos y vio el Maybach que Palmiro solía usar.
Se quedó paralizada.
¿Cuándo había llegado Palmiro?
¿Vino a buscarla por algo?
Al pensar en la ambigua relación que tenían, su corazón se llenó de una mezcla de ardiente expectación y nerviosa incertidumbre.
En ese momento, Iker ya había bajado del coche, abierto la puerta trasera y esperaba en silencio a que ella subiera.
Vilma dudó un instante, pero finalmente caminó hacia allí.

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