—Ay, Vilma, no sigas llamándonos así. Nosotros no tenemos hijas, así que, qué tal si...
Manuela miró a su esposo. Sus miradas se cruzaron, y era evidente que habían llegado a un acuerdo.
—¿Qué tal si te conviertes en nuestra ahijada? Total, tus padres no son de fiar. De ahora en adelante, te querremos como a una hija propia —propuso Manuela con una sonrisa.
Vilma se quedó boquiabierta, tan emocionada y feliz que no sabía cómo reaccionar.
—Pero... señora Manuela, ¿qué he hecho yo para merecer tanto cariño? —Vilma sentía que estaba soñando despierta.
Palmiro, al escuchar la propuesta de sus padres, frunció el ceño, visiblemente descontento.
—Mamá, qué anticuados son. ¿En qué siglo viven? Ya nadie anda buscando padrinos y madrinas.
Palmiro expresó su objeción y luego se dirigió a Vilma: —No tienes por qué aceptar.
Vilma se quedó un poco perpleja, mirándolo sin saber qué responder.
Seguro que él pensaba que ella no era digna.
Antes, cuando Manuela intentó emparejarlos, él la interrumpió de inmediato, sin dejarla terminar. Y ahora que quería adoptarla como ahijada, también se oponía.
La emoción y la alegría de Vilma se calmaron un poco, y su mente se aclaró.
Ciertamente, no debía ser avariciosa. Ya había recibido tanta ayuda y tantos favores de la familia Carmona gracias a su hijo; no debería desear más.
Vilma recuperó rápidamente la compostura y, mirando a los señores, sonrió. —Señora Manuela, aprecio mucho su amabilidad, pero creo que las cosas están bien como están.
—¿Cómo que bien? No le hagas caso a este —Manuela le lanzó una mirada fulminante a su hijo y luego, con un tono cariñoso pero firme, dijo—: Yo quiero que seas mi ahijada. ¿A él qué le importa? No es como si tuviera que mantenerte.
—Te has divorciado, crías a un hijo sola y no puedes contar con tu familia —intervino Poncio—. Y nosotros... hemos enterrado a nuestro propio hijo. Es un dolor... ay... Palmiro siempre está ocupado con el trabajo y no tiene tiempo para nosotros. Si fueras nuestra hija y vinieras a vernos a menudo con Nereo, sería maravilloso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, esposo impotente