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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 170

Facundo se quedó parado, murmurando para sí mismo: —¿No habrá sido su familia la que la golpeó?

Ireneo le preguntó: —¿Sabes algo?

Facundo recordó que hacía unos días, le había filtrado deliberadamente a Sandro Aguayo la noticia de que Vilma podría obtener varias decenas de millones con el divorcio, convirtiéndose en una mujer rica de la noche a la mañana. En ese momento, Sandro se había mostrado muy emocionado y sorprendido por teléfono.

Conociendo a la familia Aguayo, estaba seguro de que irían a pedirle dinero a Vilma, y no se conformarían con poco.

Al parecer, Vilma no les dio nada y la golpearon brutalmente.

De repente, Facundo sonrió. —Qué bien. Que tu propia familia te golpee así debe doler más en el alma que en el cuerpo.

Ireneo, escuchando sus murmullos, entendió más o menos lo que pasaba y no pudo evitar decir: —¿Cómo puedes ser tan desalmado? Fueron marido y mujer durante cuatro años, y ella sufrió mucho para darte un hijo.

Facundo lo fulminó con la mirada y preguntó molesto: —Eres mi abogado, ¿de parte de quién estás?

Ireneo fue directo: —Si no fuera porque quería presenciar el talento de Palmiro, ni siquiera habría aceptado este caso. ¿Quién quiere tu apestoso dinero?

Facundo estaba mudo.

Al comenzar el juicio, el juez se sorprendió al ver a Vilma en una silla de ruedas, con el rostro amoratado e hinchado.

La demanda mencionaba que el esposo era violento e incluso había participado en una golpiza grupal, un altercado que había llegado hasta la comisaría.

Al ver las heridas de Vilma, el juez asumió naturalmente que eran resultado de la violencia doméstica.

Durante la fase de alegatos, Ireneo, consciente de su papel, hizo todo lo posible por minimizar las pérdidas de Facundo, destacando sus contribuciones al hogar.

Pero frente a las pruebas presentadas por Palmiro…

Como la transferencia deliberada de bienes conyugales.

El adulterio y la traición a la familia.

El abandono de un hijo enfermo.

Y la violencia doméstica, de naturaleza grave.

Las pequeñas contribuciones de Facundo al hogar parecían insignificantes ante la abrumadora evidencia de sus fechorías.

Normalmente, un juicio de divorcio requiere dos audiencias.

En la primera, el juez suele intentar la reconciliación, esperando que las partes negocien y reconsideren, evitando el divorcio si es posible.

Si una de las partes insiste en divorciarse, se presenta una segunda demanda.

En la segunda audiencia, el juez casi siempre concede el divorcio.

Pero esta vez, en primer lugar, estaba la influencia de Palmiro.

En segundo lugar, las pruebas presentadas por la demandante contra Facundo eran indignantes, especialmente el video de la violencia doméstica, que llenó de ira al propio juez.

Así, el juez dictó sentencia en ese mismo momento, concediendo el divorcio.

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