—No te preocupes, yo me encargo. —Vilma la tranquilizó, se enfrentó a Sandro y sacó su teléfono para llamar a la policía.
—¡Papá, está llamando a la policía! —exclamó Jacob, sorprendido.
El rostro de Sandro cambió. Se abalanzó para quitarle el teléfono, pero Vilma, que ya estaba preparada, se defendió valientemente esta vez.
Sin embargo, la fuerza combinada del padre y el hijo Aguayo superaba con creces la de Vilma.
A pesar de la ayuda de Karina y de que Uliana intentaba separarlos, Vilma llevó la peor parte y recibió otra paliza.
No entendía qué le pasaba a su vida últimamente.
Desde que Facundo la engañó y le pidió el divorcio, parecía que su vida había entrado en un modo infernal lleno de espinas.
Golpeada por su esposo, por su padre, por su suegro, y ahora por su padre y su hermano juntos.
No había hecho nada malo, pero todas las personas más cercanas a ella la apuñalaban por la espalda, la atacaban con saña.
La llamada a la policía fue interrumpida; Vilma no tuvo la oportunidad de explicar la situación por completo.
Pero los sonidos aterradores y caóticos del otro lado de la línea alertaron al experimentado operador sobre la gravedad del asunto. Inmediatamente localizaron la posición del teléfono y enviaron a los oficiales más cercanos.
El teléfono cayó al suelo y fue pisoteado una y otra vez.
En medio del caos, Karina también recibió varios golpes.
A Vilma no le importaba salir herida, pero ver a su mejor amiga arrastrada a esto por protegerla fue la gota que derramó el vaso. Un volcán entró en erupción dentro de ella. Se liberó de ellos, corrió a la cocina y salió empuñando un cuchillo de cocina.

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