Salieron del elevador y Vilma se echó para atrás de inmediato. —No, para nada. Conozco mis límites. Una familia como los Carmona está fuera de mi alcance. Además…
No terminó de hablar porque su teléfono sonó.
Lo sacó y vio el nombre: Palmiro.
Karina se asomó a mirar. —¿Palmiro? Contéstale rápido.
Vilma miró de reojo a su amiga con una expresión extraña. —¿Por qué tanta prisa?
—Uy, por tu cara, aquí hay algo —dijo Karina con una sonrisa maliciosa.
—¡No hay nada, dejas de inventar! —Vilma abrió la puerta y dejó que su amiga entrara primero, mientras ella se quedaba atrás a propósito para contestar la llamada.
—Hola, Palmiro.
—Me notificaron del Registro Civil que ya puedes pasar a confirmar la información cuando tengas tiempo. —Palmiro llamaba para informarle sobre el cambio de nombre del niño.
Vilma se sorprendió. —¿Tan rápido?
—Sí, lo tramitaron de urgencia.
De repente, Vilma recordó algo y preguntó con curiosidad: —Dejé mis datos de contacto ese día. ¿Cómo es que te notificaron a ti?
Palmiro, sentado en su oficina, se quedó helado por un segundo ante la pregunta.
Por suerte, era un hombre inteligente y su mente reaccionó rápido. Respondió con calma: —Pasé por ahí esta mañana para hacer un trámite y pregunté de paso.
Era abogado y su trabajo requería tratar con todo tipo de dependencias gubernamentales.
Vilma no iba a preguntarle qué tipo de trámite fue a hacer al Registro Civil.
—Ah, ya veo.
No sospechó nada. Pero la realidad era que Palmiro estaba tramitando el cambio de nombre de su propio hijo. ¿Cómo no iba a estar pendiente y presionar para que se hiciera rápido?
En cuanto recibió la noticia, por supuesto, tenía que avisarle a Vilma para que fuera a confirmar de inmediato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, esposo impotente