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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 132

Vilma no lo ocultó y sonrió con amargura: —Más o menos. Ya estoy acostumbrada.

Poncio, que escuchaba en silencio a un lado, suspiró.

—Consentir a un hijo es arruinarlo. Tu hermano es un inútil por culpa de tus padres, y ahora resulta que tú tienes que cargar con las consecuencias…

—No seas demasiado blanda, tienes que aprender a quererte a ti misma —le advirtió Manuela—. Debes rechazar firmemente sus peticiones excesivas.

Vilma se sorprendió al escuchar aquello.

Desde la perspectiva de los padres, la gran mayoría de los mayores probablemente pensarían que, sin importar cuán equivocados o parciales fueran los padres, los hijos debían tolerar, ceder y obedecer, después de todo, existía un lazo de sangre y la gratitud por haber sido criados.

Pero, para su sorpresa, Poncio y Manuela lograron escapar de esa mentalidad tradicional y se pusieron de su lado.

El corazón de Vilma se llenó de calidez. Miró a Manuela y asintió con firmeza: —Lo recordaré, gracias.

Al otro lado, Palmiro se puso de pie, sosteniendo el vehículo mecánico ensamblado con una mano para inspeccionarlo desde todos los ángulos.

Era la primera vez que Vilma veía un lado algo infantil en Palmiro, y se sentía extrañamente fuera de lugar.

Manuela, al verla mirar a su hijo con aire pensativo, se apresuró a explicar: —Este Lego es para niños de diez años en adelante. Nereo es muy pequeño y no sabe cómo armar los circuitos. Palmiro vino esta noche y se puso a trabajar en ello con él. Han estado ocupados hasta ahora.

Poncio sonrió, con un tono de sorpresa en su voz. —Siempre dice que no se casará ni tendrá hijos, pero yo creo que se le da bastante bien cuidar de los niños.

Al oír esto, Vilma, naturalmente, tenía que seguir con el halago. —Palmiro es una persona madura, estable y muy responsable. Sin duda, será un excelente padre en el futuro.

—Para eso primero tendría que querer casarse —resopló Poncio.

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