Entrar Via

30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 153

JULIA RODRÍGUEZ

Respiré profundamente y recordé todas esas clases de disparo. Cada vez que tuve que arrastrarme por el piso mientras los hombres de Santiago me perseguían como si fuera su objetivo, cuántas veces lloré del coraje, del miedo, de la impotencia, porque no era fuerte, no sabía pelear.

«Lo que importa, gorda, es la inteligencia y el buen tino. Créeme, de nada sirve que seas cinta negra en todas las artes marciales del mundo cuando un tipo con un M16 te apunta», había dicho Santiago una vez con su risa burlona.

—¡Cómo me caga que hasta en mis recuerdos me diga gorda! —exclamé furiosa, haciendo que Matthew me viera por el rabillo del ojo como si estuviera loca. Entonces vio lo que sostenía entre mis manos y noté que perdió el control por un momento, no solo del auto si no también de él mismo.

—¡¿Qué carajos es eso?! ¡¿De dónde sacaste esa maldita granada?! —gritó mientras mantenía ambas manos en el volante y su mirada nerviosa seguía fija en el retrovisor.

—Acelera a fondo, tenemos que alejarnos de ellos lo más que se pueda —dije con total tranquilidad, respirando profundamente antes de tirar del anillo y quitarle el seguro a la granada. Ese suave y metálico chasquido fue suficiente para que Matthew se pusiera más nervioso, pero me hizo caso, acelerando.

—Espero que sepas lo que estás haciendo —susurró haciendo rugir el motor del auto.

—Yo también —contesté con una sonrisa y vi la granada verde militar en mi mano, pesada y fría. Había contado los segundos con calma, tenía que soltarla en el momento justo. Abrí la puerta lo suficiente para que mi mano se escurriera con la granada. No la aventé, no grité, solo la solté suavemente, dejando que rodara por el asfalto.

Cerré la puerta y la presión en mi pecho casi me asfixia. Cerré los ojos y en unos cuantos segundos que parecieron horas, escuché la explosión retumbando con violencia en mis oídos, haciendo vibrar los vidrios del auto e incluso empujándolo con la onda expansiva que liberó.

Me asomé entre los asientos y lo vi, el auto que iba detrás de nosotros, el más inmediato, se había levantado por los aires en una nube negra con fuego, haciéndose pedazos, una llanta rodaba lejos del camino mientras pedazos de la carrocería caían del cielo.

Tenía razón Santiago, todo se trataba de tener puntería.

El otro auto atravesó los escombros y el fuego, acelerando dispuesto a alcanzarnos.

—No tendrás otra de esas en la guantera, ¿cierto? —preguntó Matthew zigzagueando, evitando que nos pegaran en la defensa trasera.

Me asomé y efectivamente no la había.

—Era la única… —susurré resignada—. Intentar dispararles será inútil, sus carros están blindados.

En ese preciso momento nos comenzaron a disparar a nosotros. Las balas rebotaban, pero eso no significaba que dejarían de intentarlo.

—¡¿Qué putas estás haciendo?! —grité aferrándome al asiento con ambas manos.

—Facilitándote el blanco, de nada —contestó Matt con una carcajada.

Entonces vi como Javier se asomó por la ventana con su arma, apuntando hacia nosotros, disparando a discreción. Las chispas brincaban del cofre donde rebotaban las balas. Respiré profundamente mientras contaba los disparos. Cada cargador de su arma debía de variar entre ocho y diez balas. Cuando disparó la novena, abrí la puerta de mi lado y en el ángulo que se formaba arriba de las bisagras, apoyé mi mano armada. Su décimo disparo rebotó con la ventana de la puerta, pero el mío le dio justo en la cara.

Su rostro giró hacia atrás, su arma terminó apuntando al cielo y vi manchas carmín, su sangre era arrastrada por el fuerte viento producto de la velocidad. Entró con dificultad por su ventana, sosteniéndose el rostro mientras una sonrisa cargada de satisfacción se apoderaba de mi cara, pero sabía que no había sido suficiente.

Si no lo hubiera tenido en diagonal, de seguro le hubiera volado el cerebro.

—¡Bien! —exclamó Matt emocionado, considerándolo una victoria—, pero no será suficiente para que dejen de perseguirnos. Dispara a las llantas o mata al conductor. Hazlo antes de que me vea obligado a enderezar el auto.

De pronto me embargó la ansiedad, pero las circunstancias no me dieron tiempo para considerarlo. Esta vez fue el conductor quien se asomó con pistola en mano mientras con la otra mantenía el curso de su auto. Gritaba, pero el viento no me permitía escuchar sus palabras, solo llegaba a mí una versión distorsionada que no debía de ser nada agradable.

Una vez más me apoyé en el espacio entre la puerta y el parabrisas, ese triángulo perfecto donde mi mano cabía a la perfección y me daba soporte. Cerré un ojo y contuve el aliento. Sus balas de nuevo rebotaron contra el auto, el parabrisas se fracturó dejándome en claro que su resistencia estaba llegando al límite.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!